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La Antártida, el continente helado, fue una vez un vergel de vida poblado por dinosaurios, que recorrian sus densos bosques. El paisaje era muy diferentes entonces, con suelos rocosos plagados de valles, ríos, montañas y lagos.

 

Pese a que el hielo lo cubre ahora prácticamente todo, el relieve del lecho rocoso oculto a la vista es fascinante, y un completo desconocido. De hecho, diversos equipos científicos acaban de arrojar un poco más de luz sobre un lago situado a 800 metros de profundidad bajo los hielos, que podría haberse mantenido aislado del resto del mundo durante un millón de años.

Los científicos saben desde 2013 que pese a su aislamiento, este lago llamado Whillans, alberga cerca de 4000 especies de microbios en sus gélidas aguas. Uno de los estudios, publicado en EPSL, revela que a pesar de lo inaccesible del lugar, situado bajo un glaciar en movimiento, la presencia de agua líquida podría ser sorprendendemente joven, tal vez apenas unas décadas. En cuanto a su composición, el humedal estaría formado principalmente por agua del deshielo, pero también por pequeñas cantidades de agua salada.

 

Hasta ahora, pese a las muestras de agua extraídas en 2013, poco se sabía del tipo de terreno que existía bajo el lago, o de las fuentes que lo alimentaban. Ahora, otro de los trabajos publicados sobre este remoto lugar, publicado en la revista Geophysical Research Letters, logra describir su sistema de drenaje. Datos de GPS recopilados durante los últimos 5 años, han permitido descubrir que el lago drena agua periódicamente durante varios meses, aunque no de forma continua. Cuando eso ocurre, el hielo sobre el lago se hace más resbaladizo y se mueve un 4% más rápido de lo que lo hace normalmente.

El primer estudio citado, publicado en EPSL, destaca que el movimiento de agua es tan lento que no contiene la suficiente energía como para mover los sedimentos. Esto significa que el lecho rocoso ha debido de mantenerse inalterado a pesar del paso del tiempo.

 

En cuanto al tercer estudio, publicado en la revista Geology, centrado en el análisis de los sedimentos extraídos de las muestras recolectadas en 2103, concluye que la procedencia de las aguas que alimentan al lago Whillans es principalmente la del deshielo de la base del glaciar que lo cubre, con una pequeña contribución de agua salada atrapada bajo él durante un cálido período interglaciar.

 

Lo más fascinante de esta clase de lagos, como el Vostok o el propio Whillans, es que apenas sabemos nada de ellos, pese a que podrían ser tremandamente comunes. De hecho, algunas estimaciones hablan de otros 400 lagos en la zona aún pendientes de descubrir. Para cualquier amante de las cápsulas del tiempo, estas masas de agua ocultas bajo los hielos resultan fascinantes, y seguramente sean una fuente constante de sopresas en los próximos años, a medida que más y más estudios se vayan publicando.