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El abuso sexual en la infancia es uno de delitos que se da con mayor frecuencia, más de lo que creemos y por quienes no imaginamos. 

Aunque reconocido, trabajado y difundido por estudiosos del mundo, en el ámbito de la justicia –y algunas profesiones involucradas en el abordaje – todavía existe un notorio y alarmante desconocimiento sobre su tratamiento;  y muy especialmente el descreimiento a madres, niñas y niños que lo denuncia, beneficiando a los abusadores.

 ¿Qué es el A.S.I? ¿A quiénes afecta? ¿Quiénes lo perpetran?

¿Qué implicancias tiene en la salud física, emocional y mental de las personas? Estos son algunas de las preguntas que nos hacemos o deberíamos hacernos a la hora de hablar de Abuso Sexual en la Infancia.

Para dar respuesta a estos y otros interrogantes,  Diario Digital Femenino entrevistó a la psicóloga clínica argentina, residente en Madrid (“ciudadana del mundo” como se define), y especialista en la materia, Sonia Vaccaro

 

Definición de Abuso Sexual en la Infancia

 

“UNICEF entiende a las víctimas del maltrato infantil, como aquel segmento de la población conformado por niños, niñas y jóvenes hasta los 18 años que sufren ocasional o habitualmente actos de violencia física, sexual o emocional, sea en el grupo familiar o en las instituciones sociales. El maltrato puede ser ejecutado por omisión, supresión o trasgresión de los derechos individuales y colectivo, e incluye el abandono completo o parcial (UNICEF, 2006)”, señala Sonia Vaccaro

 

“El Abuso Sexual Infantil,  es una forma de maltrato infantil, que afecta a la integridad sexual de la niña o el niño, interfiriendo en su normal desarrollo y que está ejercida por un adulto o persona mayor en edad y jerarquía.” explica

 

Vaccaro comparte otras definiciones, “El National Center of Child Abuse and Neglect (NCCA1978), lo define como “…Contactos e interacciones entre un/a niño/a y un adulto cuando el adulto (agresor) usa al niño [niña] para estimularse sexualmente él mismo, al niño [niña] o a otra persona. El abuso sexual puede ser también cometido por una persona menor de 18 años cuándo esta es significativamente mayor que el niño (víctima) o cuando el agresor está en una posición de poder o control sobre otro.” [1]

 

“También exponer a una niña o niño a la pornografía o material de sexo adulto se considera ASI”, puntualiza la psicóloga

 

¿Afecta a niños y niñas por igual?

 

-Las víctimas de este delito, son en gran mayoría niñas. De acuerdo a la OMS, en el mundo al menos 150 millones de niñas y 73 millones de niños han sido víctimas de alguna forma de abuso sexual antes de cumplir los 18 años. Esta proporción (casi la mitad de niños por sobre la cifra de niñas), se mantiene en todas las encuestas de victimización[2] que se llevan a cabo en todos los países.

 

El ASI es el delito más silenciado, ya que se considera que sólo el 5% de ellos se denuncia o llega a conocimiento de alguien más que la propia víctima.

 

Según estadísticas e investigaciones ¿quiénes son los principales abusadores?

 

-Las estadísticas son unánimes con referencia a este punto, en un 90%, los abusadores pertenecen al sexo masculino (hombres de 18 a 30 años), son conocidos de la víctima y pertenecen a su círculo cercano (padre, padrastro, vecino, tío, primo, hermanos). De acuerdo a cuán estrecho sea el vínculo, mayor será la normalización que la víctima hará de estas conductas, ya que la relación familiar provoca que el abuso sea continuado, sostenido en el tiempo y de forma regularizada. En el incesto, no existen “asaltos” ni “violencias físicas”, no se producen “marcas visibles” y la niña o el niño pueden llegar a incorporarlo como “una actividad común“ con su agresor. Por ejemplo, una niña de 14 años que atendí y que había sido violada por su padre desde los 3 años de edad (al menos a esa edad era su primer recuerdo aunque no sería exagerado pensar que las violaciones pudieron haber comenzado antes), me dijo: “-yo creía que así era el amor de padre-” (sic)

 

¿Qué implicancias tiene en la salud física, emocional y mental?

 

El abuso sexual en la infancia y el incesto, siempre son fuentes de psicopatología o de algún tipo de trastorno psicológico. Esto no significa que estigmaticemos a las víctimas, sino que es importante saber que aunque la psiquis intente “olvidar” los hechos (y por cierto, lo hará) esto no significa que no ha pasado nada, por el contrario, es preciso rever lo sucedido, re-significarlo y acomodarlo en una psiquis adulta que pueda comprender y comprender-se. La culpa es el sentimiento más frecuente que encontramos en el fondo de todas estas personas en su vida adulta. La niña [niño] que ha sufrido abusos sexuales cree que algo malo hizo para que le suceda eso, o que algo dejó de hacer para evitar que sucediese. Cuando se desvela lo sucedido, los hechos que se producen (problemas familiares, peleas, discusiones, interferencia de la justicia, etc.), tienen tal magnitud que la niña [niño] piensa que ella lo provocó, de allí que si no tiene respuestas solidas por parte de los adultos que deben protegerla (incluida la justicia), puede acabar diciendo “que no sucedió nada” y “que ella se equivocó o lo inventó”. Esta instancia se llama retractación y sucede siempre que una niña [niño] abusada no encuentra una respuesta eficaz ante su relato de ASI /incesto, en estos casos, gente no entrenada en el tema (incluida la justicia), puede creer que en efecto: no sucedió.

 

La sintomatología que aparece como secuela del ASI/incesto, es múltiple: desde trastornos de la alimentación (anorexia, bulimia, etc.), trastornos del sueño (terrores nocturnos, insomnio, etc.) , conflictos de relación, fobias y estados depresivos de diferente intensidad (desgano, pérdida de interés y motivación, conductas autolesivas hasta ideación suicida), disociación cognitiva, trastornos de ansiedad, trastornos en la sexualidad, psicosis, etc..

 

Sobre la vida que llevará una persona abusada en la infancia, que no ha recibido el debido tratamiento, la Lic. Vaccaro manifiesta” No se puede describir un solo patrón para describir la vida de una víctima de abuso sexual en la infancia, porque sabemos que cada ser humano es diferente y responde con su historia personal y sus vivencias (previas y posteriores al trauma) que son únicas. Lo que si podemos afirmar es que un episodio como este es un hecho traumático y el trauma anida en lo profundo de la psiquis de las personas quitando siempre, calidad de vida y capacidad de disfrute. Es cierto que existen personas con una gran capacidad de resiliencia, o sea: capacidad de recuperarse y sobreponerse a un hecho traumático y salir fortalecida de él, pero este es un proceso muy difícil de hacer a solas y sin ayuda profesional. Que alguien lo realice de forma espontánea es la excepción, no la regla, por lo mismo, es muy importante solicitar ayuda profesional.

 

Lo importante para resaltar, es que la tasa de suicidios en víctimas de abuso sexual en la infancia es muy alta esto solo justifica la intervención profesional especializada, y cuanto antes se realice mejor.”

 

Teniendo en cuenta estudios, campañas, recomendaciones e informes ¿Qué sucede en la Justicia? Parecen tener una negativa en esta temática,  poniendo la duda sobre niñas/os, madres y muy poco en los abusadores, de hecho tenemos varios casos testigos que lo demuestran y en los que los fallos han sido muy duros con lxs denunciantes

 

-A mi entender, o al menos, la explicación que yo le doy a este comportamiento de la justicia (esto sucede en mayor o menor grado, de forma unánime en la justicia de todos los países occidentales), podría obedecer a tres factores:

 

1)   Un desconocimiento por parte de la gran mayoría de las y los operadores jurídicos, acerca de la infancia y sus particularidades, acerca de su carácter cualitativamente diferente al adulto y por lo mismo, se les considera y evalúasólo desde una diferencia cuantitativa, teniendo como parámetro al adulto. La justicia, aún hoy, denomina “el menor o la menor” para referirse a un niño o una niña.

 

2)   El desconocimiento por parte de la gran mayoría de las y los operadores jurídicos del tema específico del abuso sexual infantil y el incesto, su especificidad, sus características, sus signos y sus consecuencias.

 

3)   Estos dos factores enunciados arriba, hacen que se implementen leyes yprácticas judiciales de la misma forma y con la misma subjetividad que en las causas con adultos. Incluso a veces,  muchas juezas y jueces (también otros /as empleadas/os judiciales), se dirigen a las niñas/os con el mismo lenguaje ininteligible que utilizan en toda las prácticas judiciales.

 

Estos tres puntos además, se erigen sobre procesos psíquicos que nos comprometen a todas/os. El Abuso sexual infantil y el incesto, son delitos aberrantes, cuyo carácter siniestro tiende a que la psiquis, como defensa,  niegue la existencia de los hechos. Cuanta más cercana sea la identificación con la clase social (o características) del agresor, mayor es el carácter siniestro y por lo mismo más fuerte es el descreimiento acerca de que esos hechospudieran haber sucedido. Esto es una explicación, no una justificación, mi condición de Psicóloga y psicoanalista, me exige que intente dar una explicación desde un mecanismo psíquico inconsciente frente al horror. Creo que muchas veces, las y los profesionales de la justicia, no quieren ver ni creer que un hecho aberrante como el ASI pudo haber sucedido, en especial en “las mejores familias”, en familias que aparecen como “normales”, y por ello, tratan de cerrar rápidamente el caso y decir “aquí no ha pasado nada”, sabemos que siempre el hilo se corta por el lado mas delgado: la víctima infantil. Recuerdo que una vez, un fiscal, frente a un caso de incesto, me preguntó descreído: “-Usted cree que ese hombre, un médico, ¿pudo hacer algo así?-”

 

Por todo esto, es fundamental que se comprenda que los delitos que implican a niñas y niños víctimas, deben ser tratados de una forma específica, especial y especializada. Deben ser comprendidos entendiendo que en los casos con víctimas infantiles en general y en el ASI e incesto en especial,  hay un impacto sobre el “cuerpo psíquico”, que aunque no haya pruebas empíricas que la justicia solicita en un procedimiento “clásico”, es posible descifrar signos, señales y a través de lo psicológico, encontrar evidencias que lleven a comprender qué sucedió.

 

Personalmente, creo que para dar justicia a la infancia, la justicia y la psicología debemos trabajar en interdisciplina, mano a mano, acercándonos a las víctimas infantiles a través de su lenguaje y especificidad cualitativamente diferente a los adultos.

 

Justicia adaptada a la infancia

 

“El año pasado la Unión Europea hizo un llamado a los países miembros para que construyan una “justicia adaptada a la infancia”, en este sentido, creo que es fundamental que se produzcan modificaciones profundas en la justicia ya sea desde lo edilicio, los plazos de tiempo (para un niño, un año implica un salto cualitativo hacia otra etapa evolutiva, por ejemplo), la constitución de las pruebas, la toma del testimonio, etc. Para que exista una justicia adaptada a la infancia, será necesaria una forma diferente de ejercer la justicia. La justicia para la infancia víctima no puede ser ciega, no puede tener los ojos vendados, tiene que ser una justicia que se siente al lado de cada niña y de cada niño víctima de un delito, que le hable en su idioma, que le comprenda y le considere, que sepa descifrar su lenguaje y le ayude a creer que le protegerá. Que le dé voz y le considere una persona con derechos” puntualiza Vaccaro

 

Y es categórica a la hora de expresar: “Y que ante la duda, se falle siempre a favor de las niñas y los niños.”

 

 

[1]N. de la E: los parámetros que se consideran son 14/15 años mayores a la víctima.

 

[2] Las encuestas de victimización incluyen los delitos que sufren las víctimas, denunciados o no-denunciados.