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El excéntrico magnate Batista está acusado de corrupción en el gobierno provincial de Río, pero se sabe que actuó en una esfera mucho más amplia. Si habla, será otra fuente de preocupaciones para muchos políticos.

Por Eric Nepomuceno:

El mundo político pasó la mañana de ayer con los ojos y el alma puestos en dos extremos: uno, la presidenta del Supremo Tribunal Federal, Carmen Lucia Rocha, y el otro, Eike Batista, el excéntrico ex multimillonario que hace siete años fue considerado por la revista Forbes como el séptimo hombre más rico del mundo.

 

En Brasilia, Carmen Lucia hizo exactamente lo que el gobierno, empezando por el presidente Michel Temer, no quería: homologó, es decir, aceptó el contenido de las 800 páginas con las declaraciones de 77 ejecutivos del grupo Odebrecht denunciando, en detalles, toda la corrupción practicada. 

 

En Río de Janeiro, Eike Batista fue detenido tan pronto llegó al aeropuerto internacional procedente de Nueva York. El está acusado de corrupción en el gobierno provincial, pero se sabe que actuó en una esfera mucho más amplia, alcanzando a figurones de la República. Si habla, será otra fuente poderosa de preocupaciones para muchos y temores para otros tantos.

 

Faltaban seis minutos para las diez de la mañana de pleno calor en Río cuando el vuelo 973 de la American Airlines tocó tierra, media hora antes de lo previsto. Tan pronto terminaron las maniobras de acercamiento a la terminal internacional del aeropuerto de Río el comandante pidió a los pasajeros que permaneciesen sentados por cinco minutos. No necesitó explicar nada: todos sabían que estaba a bordo Eike Batista, y que él sería detenido al desembarcar. La verdad es que fue detenido antes de desembarcar: agentes de la Policía Federal entraron en el avión para buscarlo. 

 

Poco antes de las once el detenido llegó al presidio Ary Franco, en la sofocante zona norte de Río. Por no tener título universitario, Batista, pese a lo que le sobró de su otrora astronómica fortuna, cumplirá su prisión preventiva (sin plazo) en una cárcel común. 

 

Y por cárcel común debe de entenderse, en Brasil, lo siguiente: el Ary Franco tiene capacidad para abrigar a 968 presos. Abriga 2.129, que conviven en espacios húmedos con ratas, cucarachas, murciélagos, y reciben comida muchas veces podrida. En este escenario de horror hay presos que se turnan para dormir en el suelo y otros desarrollaron la increíble técnica que les permite nada menos que dormir parados. Hay desde violadores y asesinos sanguinarios a ladroncitos de semáforo. 

 

Era fácil presentir el destino de Eike Batista, blanco, de ojos azules, mirada prepotente y una fortuna de todavía varias decenas de millones de dólares en semejante infierno. Quizá por esa obviedad las autoridades carcelarias lo transfirieron a otro presidio, el Bangu 9, la única cárcel de Río en que hay menos presos –419, mejor dicho, ahora 420– que plazas, 540. Aún así, le tocó a Batista compartir una celda una celda con cinco otros presos y seis literas. Al menos podrá dormir acostado.

 

El ególatra que en 2010 anunciaba que sería el multimillonario número uno del mundo (era el séptimo, en el bizarro ranking de la Forbes) tendrá ahora el mismo destino de los presos de la Operación Lavado Rápido (Lava Jato): sin plazo para prestar declaraciones, podrá pasar semanas o meses en su colectiva celda minúscula. La idea es precisamente forzarlo a pedir, lo más rápido posible, un acuerdo de ‘delación premiada’, es decir, contar lo que sabe a cambio de una condena menor. Y él seguramente sabe mucho.

 

En su meteórica y fugaz ascensión a multimillonario, mezcla rara de bufón ególatra y vendedor de viento, logró eludir no solo a miles de pequeños inversionistas brasileños pero también a algunos de los fondos más poderosos del planeta. Su conglomerado de empresas iba de minas de oro y veleros turísticos a yacimientos de petróleo y nada menos que un puerto modernísimo. Todo eso se vino abajo tan rápido como se anunció. El mistificador dejó pérdidas de muchos miles de millones de dólares.

 

Mientras tuvo fortuna, su generosidad exhibicionista repartió donaciones millonarias a campañas electorales de prácticamente todos los partidos, sin distinción de color ideológico. Fue alabado por Lula da Silva y por Dilma Rousseff, por diputados y senadores (muchos de ellos agregados alrededor de Michel Temer), y muy especialmente por un paradigma de corrupción llamado Sergio Cabral, ex gobernador de Río y ahora su vecino de cárcel. A él, Eike Batista dio propinas de casi 17 millones de dólares.

 

El método adoptado por jueces de primera instancia como Sergio Moro y ahora su colega de Río, Marcelo Bretas, funciona como una especie de tortura blanca: consiste en meter preso a alguien hasta que decida hablar.

 

Ha sido exactamente lo que pasó con los ejecutivos de grandes constructoras y de empresas estatales: luego de la ‘delación premiada’, sus condenas fueron suavizadas en algunos casos y, en otros, transformadas en libertad provisional o prisión domiciliaria. 

 

Y este ha sido el segundo y muy poderoso impacto registrado en la mañana de ayer: al homologar la ‘delación premiada’ de los ejecutivos de la Odebrecht, la ministra Carmen Lucia desató una ola de pánico. Ahora le toca al fiscal-general Rodrigo Janot pedir que se levante el sigilo y se conozcan los detalles de lo que fue denunciado.

 

El gobierno hizo lo que pudo –de manera discreta, claro, para no abrir un frente de batalla con el Supremo Tribunal Federal– para que la homologación de las delaciones quedase a cargo del nuevo relator del caso. Eso significaría demorar el proceso por semanas o quizá meses, un evidente alivio cuando se sabe que el contenido de las delaciones podrá ser devastador, a empezar por el mismo presidente de la República. 

 

La magistrada, sin embargo, optó por cumplir con lo que el fallecido relator Teori Zavascki había anunciado. Él también había dicho que rompería el sigilo judicial, pero Carmen Lucia prefirió no ir tan lejos.

 

Mantener el sigilo, dicen juristas y abogados, permitirá que se prosiga con el sistema de filtraciones privilegiadas, tanto de parte de integrantes del Ministerio Público como de la misma Policía Federal y del tribunal de primera instancia, politizando aún más un proceso ya altamente politizado. 

 

De lo que ya se filtró hay material suficientemente combustible para incendiar medio gobierno. Además de poderosos ex ministros tanto de Lula da Silva como de Dilma Rousseff, aparecen el senador Aécio Neves, artífice, junto al ex presidente Fernando Henrique Cardoso, del golpe institucional que destituyó a la mandataria, Eliseu Padilha, jefe de Gabinete, y Wellington Moreira Franco, responsable por el programa de privatizaciones del gobierno (ambos, a propósito, son considerados los dos hombres fuertes de Temer). 

 

Y también el actual presidente del Senado, Renan Calheiros, su más probable sucesor, Eunicio de Oliveira, bien como el actual y próximo presidente de la Cámara, Rodrigo Maia. 

 

Y, claro, Michel Temer, mencionado nada menos que 43 veces en solamente una de las 77 denuncias ya filtrada a la prensa.